Gabriela Córdoba (27), secuestrada a punta de cuchillo en la tarde del martes 7 de agosto por Francisco Bayón (27), ya está con su familia. Deshidratada y exhausta luego de 19 días privada de su libertad, permaneció hasta ayer en una sala común del Hospital Regional, luego que el domingo al mediodía la Brigada de Investigaciones de la Policía de Comodoro Rivadavia consiguiera rescatarla en cercanías de Paso de Indios.
Diario Patagónico ayer conoció nuevos detalles del caso. Gabriela y su secuestrador habían cursado juntos séptimo grado en la Escuela 161 del barrio Ciudadela. Hace unos meses la joven volvió a cruzárselo después de muchos años. Se encontraron en un supermercado y Bayón le ofreció un trabajo en una empresa que tenía un familiar en Astra. Ella confió en su antiguo compañero y terminó presa de un secuestro.
Así, el martes 7 de agosto, Gabriela salió de su trabajo como empleada doméstica en el barrio Médanos y se dirigió a Astra en busca del prometido trabajo. Se comunicó por última vez con sus seres queridos a través de su teléfono celular desde la ruta Nacional 3, a la altura de la curva del Papa en Kilómetro 4. Le envío un mensaje a su novio de que estaba llegando a Astra.
Bayón la esperaba en la última parada del colectivo, sobre la zona norte del barrio. Allí la vio bajar un testigo. También los vio caminar juntos rumbo a la zona de descampado. Después no se supo más nada de ella durante casi tres semanas.
La primera encargada de desmenuzar cada uno de esos datos fue la fiscal jefe del Ministerio Público Fiscal de Comodoro Rivadavia, Adriana Ibáñez, quien ponderó la rapidez de la familia en poner en conocimiento la desaparición de Gabriela, lo que en otros casos de desaparición no suele ocurrir. Con esos indicios y testimonios, Ibáñez pidió las entradas y salidas de llamadas desde el teléfono de la joven.
Entre más de 60 llamadas la Brigada de Investigaciones buceó para encontrar un número sospechoso. Así hallaron el número de Francisco Bayón, quien estaba imputado en libertad por dos causas de abusos sexuales, pero que sobre esa misma fecha había dejado de ir a comparecer ante la Justicia como debía hacerlo regularmente.
LA ULTIMA SEÑAL
Cuando se cruzaron los llamados y se pidió la intervención telefónica, se conoció que la joven y Bayón alcanzaron a caminar unos 25 metros por ese descampado donde un testigo observó a una pareja caminando.
En ese lugar, los teléfonos mostraron su última señal móvil porque Bayón destruyó los aparatos y los chips de su teléfono y el de su víctima. Con esos datos, la misma noche en que se denunció la ausencia de Gabriela, la fiscal Ibáñez dirigió tres allanamientos a viviendas que frecuentaba Bayón, pero no fue hallado, lo que reforzó aún más la hipótesis de que tenía alguna vinculación con la desaparición de la joven.
Luego la fiscal corroboró en Supervisión de Escuelas los listados de alumnos, y testimonios, para confirmar que ambos habían concurrido años antes a la escuela de Ciudadela. Todos los indicios lo señalaban a Bayón.
Así comenzó la búsqueda de la joven con rastrillajes en la zona norte de Comodoro Rivadavia. Unas botas y una campera de Gabriela fueron hechas olfatear a los perros de la Secciona Canes para fortalecer la búsqueda.
Los rastrillajes estuvieron bien direccionados desde un primer momento y llevaron a los investigadores hasta Rocas Coloradas. En ese lugar, según le confesó Gabriela a los investigadores, ella escondió una credencial de su obra social para que sepan de su paso por allí.
La amenaza constante con el cuchillo por parte de Bayón la hizo caminar más de 200 kilómetros. En medio de ese calvario Gabriela también dejó una nota de pedido de auxilio escondida en una cocina de un puesto de campo por el que pasaron.
Durante esos 19 días de secuestro, además de cazar piches, Bayón mató ocho ovejas para alimentarse y darle de comer a su rehén.
Uno de los principales problemas con los que encontraron la víctima y su secuestrador fue la falta de agua. Además, el frío de la intemperie debió ser sorteado por la joven sin la ropa y el calzado adecuados.
El domingo al mediodía, Gabriela recuperó las ansias de vivir cuando fue encontrada debajo de una alcantarilla por los perros de la policía, unos 25 kilómetros al noroeste de Paso de Indios. Bayón trató de ocultarse en esa misma alcantarilla, pero los investigadores lo tomaron por sorpresa y no le dieron tiempo a escapar.
Muchas gracias
DEJEN A ESA POBRE CHICA EN PAZ Q BASTANTE TIENE CON LO QUE PASO,NO TODOS SOMOS IGUALES,NI TENEMOS LA MISMA VULNERABILIDAD PARA CIERTAS SITUACIONES!!!