Vale la pena jugarle unas fichas de confianza al nuevo esquema de soluciones habitacionales impuesto este año, bajo el título Procrear. El hecho que se comprometa al solicitante directa e individualmente para su emprendimiento personal --desde el pozo-- promete terminar con el tradicional clientelismo tipo Fonavi o IPV, y los burocráticos y sospechados procesos licitatorios pensados más para las empresas constructoras que para la gente sin vivienda propia.
SORTEO
El sistema de otorgamiento también permite suponer que la elección de los favorecidos se hace con transparencia.
En el primer tramo de selección, ocurrido en la semana que terminó con casi 12.000 casos, todas las provincias argentinas estuvieron contempladas en la asignación de cupos en función del déficit habitacional y de las solicitudes de crédito. Buenos Aires con un 33%; el Area Metropolitana de Buenos Aires 16%; la Región Centro (Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos) con el 17%; el Noreste (Chaco, Corrientes, Misiones, Formosa y Santiago del Estero) con el 11%; el Noroeste (Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca), 7%; Cuyo (Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis), 9% y la Patagonia (La Pampa, Río Negro, Chubut, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego) con un 7%.
En el reciente sorteo tomaron parte 22 mil personas que ya tienen un terreno para edificar, pero que hasta el momento no han tenido acceso al crédito bancario para construir su casa; y del total de participantes, el 44 % tiene ingresos que oscilan entre los 5.000 y 10.000 pesos. El 58% tiene uno o más hijos y el 70% tiene menos de 40 años; tendrán noventa días para confirmar su adhesión y reafirmar sus compromisos cuentapropistas.
EJEMPLO
Esta ciudad, cada una de las localidades patagónicas, el país todo, tienen permanentes ejemplos de iniciativa personal e individual de algunos migrantes. Así lo hicieron los gringos desde hace más de un siglo. Así lo hicieron los chilenos en nuestros populosos barrios Pietrobelli, Las Flores, La Floresta, San Martín, desde la década del cincuenta. Así lo hacen la mayoría de los bolivianos que en la última década han descubierto las posibilidades superadoras que acá tenemos y en muchos casos los criollos despreciamos.
A lo mejor, no fueron ni son todos. Tal vez levantaron y levantan sus paredes con las manos familiares, en terrenos usurpados.
Posiblemente, en esa ilegalidad tenga que ver la lenta, burocrática o inexistente previsión o acción del Estado para acompañar las nuevas realidades socioeconómicas, que son dinámicas e imprevisibles. La cuestión es que esta iniciativa del Gobierno de facilitar el emprendimiento individual de las nuevas generaciones, con créditos a medidas de todas las posibilidades y obligando a los peticionantes a hacerse cargo con la suma de los ingresos familiares a afrontar la devolución de los fondos, tiene visos de una participación más comprometida de los individuos. Y elimina del imaginario colectivo la facilista como popular idea que el Estado tiene que construir viviendas colectivas y otorgarlas pomposamente en actos políticos impactantes, multitudinarios, casi demagógicos. Generalmente en base a listados organizados con dudosa equidad, sospechados de favoritismos inconfesables, o cuando menos teñidos por una dadivosidad intolerable.
Lo que nada cuesta, nada vale. Bien sabido es que la devolución de los fondos Fonavi o del IPV, es un territorio más parecido al Triángulo de las Bermudas, que a una cuenta eficiente del erario público. Por si fuera poco, al menos en esta ciudad, los barrios más multitudinarios construidos bajo esos sistemas efectistas, se han transformado con el tiempo en una suerte de Bronx autóctono.
CREDITO
Creencias, credibilidad, crédito. No en vano el término para el pacto comercial de que se trata, forma parte de la familia de palabras originadas en el verbo creer.
Y aún en tiempos en que la vieja Europa quiebra por la falta de confianza que sus gobiernos y sus entidades financieras supieron conseguir, por aquí, al fin del mundo, pese a los generalizados sentimientos de escepticismo de muchos, vale la pena rememorar a Porchia.
Porque --después de todo-- lo malo de no creer, es creer un poco.
Lo que que si hay que destacar que es una oprtunidad para mas personas de realizar sus proyectos y que la maquina del progreso siga funcionando.
El IPV es un verdadero fiasco, pero una idea lleva a otra.